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RAÚL LEONARDO CASTELLANOS PERDOMO. LA MÚSICA COMO ALQUIMIA Y RESILIENCIA

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Fecha de publicación: 28 de octubre de 2026

RAÚL LEONARDO CASTELLANOS PERDOMO: LA MÚSICA COMO ALQUIMIA Y RESILIENCIA

Por: Miriam Luisa Araújo Baptista

Hablar de Raúl Leonardo Castellanos Perdomo es hablar de resiliencia.

Es mi primo, mi amigo y mi confidente. Sin embargo, hoy me toca hablar de él desde una dimensión que lleva años atravesando su vida: el Parkinson.

Digo que lo atraviesa porque Leonardo no se ha limitado a padecerlo. Ha buscado transformar su experiencia, convirtiéndola en un proceso de aprendizaje, conciencia y creación. Una auténtica alquimia personal.

Era muy joven cuando el Parkinson llegó a su vida. Leonardo era un hombre culto, viajado e inteligente; ya era padre y sentía que la vida lo había tratado bien. Pero el camino le reservaba un desafío que nunca eligió.

Con valentía y conciencia, investigó, buscó alternativas y aprendió a convivir con una realidad que se ha resistido a convertir en el límite de su existencia. No quiere que un diagnóstico defina por completo quién es, qué puede hacer o hasta dónde puede llegar.

Su vida no se detuvo. Y su música, tampoco.

Leonardo lleva consigo una bomba de infusión de medicación que le ayuda a regular los síntomas motores de su enfermedad. Su camino ha tenido altibajos, momentos de mayor autonomía y otros en los que el movimiento se convierte en una dificultad. También participó en un proyecto científico vinculado a un laboratorio alemán, una experiencia que forma parte de su historia y de su búsqueda de alternativas.

Pero hoy no quiero hablar de medicamentos ni de tratamientos. Quiero hablar de su coraje, de su capacidad de adaptación y de algo que me parece extraordinario: su relación con la música.

Leonardo tiene una musicalidad especial. La lleva dentro.

Cuando se queda «pegado», como decimos nosotros, cuando su cuerpo parece detenerse y caminar se vuelve difícil, muchas veces pide canciones de salsa. Entonces aparece la clave, ese ritmo que parece conectar con algo profundo en él. Se concentra, se entrega a la música y, poco a poco, consigue salir de ese bloqueo y comienza a caminar de nuevo con normalidad.

Es una experiencia que merece ser contada.

No pretendo convertirla en una promesa médica ni afirmar que suceda de la misma manera en todas las personas con Parkinson. Hablo de Leonardo, de lo que vivimos con él y de esa conexión tan particular que establece entre la música, la concentración y el movimiento.

Porque Leonardo no solo escucha la música: la siente.

Y cuando el movimiento parece cerrarle una puerta, el ritmo puede ayudarle a encontrar una salida.

Quizá por eso siento que su historia merece llegar más lejos. Porque puede abrir conversaciones, despertar preguntas y acercarnos a la importancia que la música y el movimiento pueden tener en la vida de algunas personas que conviven con esta enfermedad.

Quiero que el mundo lo escuche. Que conozca su experiencia, su sensibilidad y su manera de enfrentarse a los desafíos sin renunciar a aquello que lo hace ser quien es.

Y, como homenaje a su fuerza, a su coraje y a su amor por la vida, quiero terminar hablando del hombre que hay detrás de todo esto.

Leonardo tiene una calidad humana especial, un saber estar y una forma de acompañar que no necesitan grandes palabras. Posee un silencio que, sin hablar, puede llegar a gritar.

Su historia no es solamente la historia de una enfermedad. Es también la de un hombre que sigue buscando, creando y encontrando maneras de expresarse y de vivir.

La música es su gran medicina. No como sustituto de la atención médica, sino como una fuerza que le aporta expresión, conexión y movimiento.

Por eso quiero hacer una invitación: que escuchemos a Leonardo, que conozcamos su experiencia y que prestemos atención a esa relación tan singular entre su cuerpo y la música.

Quizá su historia pueda aportar algo valioso a otras personas, a quienes investigan y a quienes todavía buscan respuestas.

No a todo el mundo le afecta el Parkinson de la misma manera. Cada persona tiene su propia historia, sus dificultades y sus recursos. La de Leonardo merece ser conocida por la forma particular en que él vive la suya.

Bravo, Leonardo, por tu musicalidad, por tu coraje y por seguir convirtiendo la vida en creación.