PALABRAS

"Una mirada lo cambia todo: la perspectiva, la luz, la sombra, el verso... la palabra."

Con voz de mujer-Fragmentos de palabras de lluvia (Cristina Mª Menéndez Maldonado)

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Fecha de publicación: 20 de octubre de 2016


CON VOZ DE MUJER. 20/10/2016. Espacio Ronda. Homenaje a Maria Ana Sanz Huarte.

Maria Consuelo Altable, creadora de Eirene editorial dio paso a las diferentes autoras de la editorial,  para que leyésemos fragmentos de nuestros textos en relación con la figura de Maria Ana Sanz. Una mujer que luchó por los derechos de la mujer y de los niños, así como por la educación para mover conciencias. 

Maria Consuelo Altable dio paso a mi intervención con un texto de Maria Ana sobre las palabras, su pasión por ellas...


  

María Ana Sanz es una apasionada lectora le interesa la literatura española, los autores clásicos y, muy en especial, la pedagogía, el ensayo y la filosofía. Serán frecuentes en sus escritos las citas de los grandes filósofos de la Historia.Su valoración del libro queda mostrada en muchos de sus es­critos. Se selecciona aquí lo incluido en una conferencia que, con el título Comentario de libros pedagógicos, pronunció en Pamplo­na para inaugurar la feria del libro del Ateneo de Pamplona: “El libro, se ha dicho, el mejor amigo del hombre, silencioso cuando no se le inquiere; elocuente cuando se le pregunta; sa­bio, como que jamás sin fruto se le pide consejo; fiel que nunca vendió un secreto de quien le trata; regocijado con el alegre, piadoso con el dolorido, y tan humilde, que nada pide ni ambi­ciona, nada más que una suave caricia de vuestras manos y en vuestra biblioteca un rinconcito acogedor.”  

                                               

En honor a las palabras que tanto  apreció Maria Ana Sanz de Huarte, quiero leer unos párrafos de mi novela, “Palabras de lluvia”, publicada por Eirene Editorial en 2014. Una novela que también habla de una mujer valiente que fue mi bisabuela, Teo Davila Maceda, una indígena que nació en Ucayali, cerca de la selva Madre de Dios en el Perú.

Es un honor para mí participar en este primer evento en honor a la mujer, y en este año dedicado a Maria Ana Sanz Huarte. Con mujeres como ella es posible cambiar el mundo. Para mí, al igual que para Maria Ana Sanz las palabras son caminos. Escribir para mi es meditar hacia dentro de mí misma,  respirar desde el alma y tomar impulso hacia la vida.

Porque…

“Hay palabras que llegan despacio, gota a gota, en un asedio constante al corazón. Jamás fueron intrépidas, ni brillantes. Palabras sencillas, cotidianas. Palabras de lluvia” (Fragmento novela Palabras de lluvia)

Y a veces las palabras abren mundos…


«Saulo, aburrido de escuchar recitar siempre oraciones y salmos, le había traído un libro de mitos pe­ruanos, con las tapas gastadas y anotaciones en los márgenes que, a veces, hacían que Teo perdiera la concentración. Cuando por fin cogía el hilo, olvidaba que era pasada la medianoche y aquella jaula de hierros que les separaba dejaba de existir. Él no era to­talmente libre, ni ella totalmente esclava, pues ambos sostenían a medias aquel espacio irreal hecho de letras y sueños. A veces Saulo le preguntaba cómo se escribía tal o cual palabra, decidido a aprenderla de memoria; incluso la olía antes de pronunciarla… ¿No crees que está viva?, le decía con la mirada en sus ojos, y con una intensidad extraña en ellos trataba de hacerse entender. Ellas, las palabras respiran. ¿No lo has notado?… A veces lo hacen tan fuerte que me dan ganas de llorar… Y a Teo se le cortaba el aliento al escucharle, sin saber qué contestar.» (Fragmento novela Palabras de lluvia)

Otras veces, las palabras duelen en la separación, en el olvido…

«Llegaron juntas, como una larga frase sin pausas. Así solía so­ñarlas, unidas, amarradas unas a otras en una hilera interminable, cobijadas en la brevedad de una inhalación, implacables como el látigo de una vieja venganza... Entonces se despertaba sin aliento, rogando que algún día, todavía lejano, la muerte la engañara con palabras nuevas. Ellas colmaron cartas enviadas a destiempo sin más ambición que la de recorrer el espacio inmenso que le separaba de Teo; un puente viejo hecho de letras, transitado pocas veces pero intensa­mente. Y llegaron, de eso estaba seguro, su olfato sagaz se lo decía. Pero no llegaron todas; algunas se perdieron en el camino, el ma­licioso azar las desvió y, cuando regresaron, medio rotas, mano­seadas, heridas, y Saulo las pronunció de nuevo, le sonaban dis­tintas, como si aquel viaje las hubiera cambiado para siempre. Otras no volvieron jamás; alcanzaron lugares equivocados y tal vez alguien las guardó para siempre como un raro privilegio de palabras absurdas, inconexas; extraña señal. Teo recibió muchas de las cartas y las guardó como el más agri­dulce de sus secretos. De no haber sido por esa lealtad abnegada hacia su esposo, hubiera disfrutado el bálsamo de aquellas pala­bras con el corazón abierto como una lumbrera. No contestó a ninguna, aunque a veces su alma quería asomarse más allá de los barrotes. Saulo también aceptó el silencio, doblegado por una ilusión que nació temprana y se desangró despacio, en las líneas trun­cadas de la vida, con palabras de lluvia. El destino siempre había encontrado obstáculos: rejas, rasteles, mares, lejanías… (Fragmento novela Palabras de lluvia)

Esas mismas palabras, a veces te  ayudan a morir…


«La siguió confiado. La muerte había dejado un reguero de pa­labras, una larga frase sin pausas ni alientos que la lluvia borró a su paso, cuidadosamente, para no dejar huella, y ya no pudo retor­nar. Tampoco quiso hacerlo, pues la hubiera seguido hasta el fin del mundo, abrazado a aquellas palabras nuevas, su dulce final.» (…)(Fragmento novela Palabras de lluvia)

Y otras veces, esas mismas palabras te ayudan a vivir y a echar raíces…


«Saulo cumplió su promesa. Le vio a lo lejos, caminando so­bre la pomarada, con el mismo rostro juvenil y su alpaca vieja, agitando su mano derecha en señal de despedida. Aunque quiso alcanzarle, la sombra se diluyó sin dejar rastro. Su último aliento había sido para ella. Allí mismo, abrazada a la tierra que había cobijado su espec­tro, lloró por aquella muerte lejana, y haciendo un hueco con los dedos enterró la primera carta que él le dio en el muelle. La lluvia llegó después, alentada por esas palabras hechas semillas.» (Fragmento novela Palabras de lluvia)