PALABRAS

"Una mirada lo cambia todo: la perspectiva, la luz, la sombra, el verso... la palabra."

Mª Teresa Arias Bautista. El hada de las palabras

Hace 1 mes / Gente con ARTE / 0

Fecha de publicación: 10 de octubre de 2018


Mª Teresa Arias Bautista. Museo Lope de Vega (Madrid) Foto Gerson A. de Sousa

Por Cristina Mª Menéndez Maldonado

Gente con arte ha tenido la oportunidad de entrevistar a Mª Teresa Arias Bautista, historiadora medievalista, Presidenta de la Agrupación Ateneísta de Estudios de Mujeres "Clara Campoamor", conferenciante y escritora de un sinfín de ensayos, novelas, literatura infantil, etc. 

Su "vida y alientos" particular, ofrece una visión original, entrañable, llena de fuerza y belleza que servirá sin duda de inspiración a muchas mujeres.

Mª Teresa Arias nos cuenta en primera persona cuales son esas inquietudes que le llevaron a escribir, a investigar, a empaparse de la existencia de mujeres del pasado, sus logros, como una forma maravillosa de conjurar miedos y obstáculos. No os perdáis su interesante entrevista...

«Puede decirse que soy una persona idealista, abierta, pero tímida a la hora de mostrar mis sentimientos, a la hora de hacerme oír o imponer mi criterio, salvo cuando me tocan la fibra, como le ocurre a cualquiera. Creo que soy valiente, generosa, confiada y, en consecuencia, poco prudente, impaciente, voluntariosa, exigente en grado extremo conmigo misma y con los demás.  

Valoro poco lo material y aunque mantuve durante algún tiempo la ambición de superar mis limitaciones económicas, nunca lo hubiese hecho a costa de nadie, salvo de mí misma.

Me quiero mucho, quizás porque fui una niña muy querida por mi madre, mi padre, mis abuelas, mi entorno… De todos ellos recibí gran ayuda y apoyo cuando lo precisé. Ello me hizo sentirme muy segura de mí misma siempre, hasta que di con la persona equivocada… Entonces me perdí. Me perdí durante un tiempo hasta que fui capaz de ponerme en pie, decir no, y comenzar de nuevo, gestándome a mí misma en ese nuevo renacimiento, donde no es posible convivir con quien entorpece tu progreso personal y espiritual, y donde, necesariamente, es preciso tener la fortaleza de enfrentarse, de forma ineludible, a una realidad que hay que superar para seguir viviendo.

Adoro la vida, la luz, el amor, la amistad de forma irrevocable, lo que muestra un grado bastante importante de inmadurez, no superada, quizás porque no quiero superarla, o porque no soy capaz de abandonar los principios que compusieron mi infancia y adolescencia. Soy consciente de que por ello me siento especialmente vulnerable a la traición, a la mentira. La mentira es lo que encuentro más ruin y despreciable. La odio profundamente.

Como cualquier ser humano creo que estoy llena de contradicciones, como cuando me defino en plan de chanza ”atea-cristiana". Atea, porque hace tiempo que dejé de creer en tantas mentiras en que se apoyan demasiadas “verdades” y cristiana, porque soy incapaz de desasirme de la idea de ese “hombre” que estaba tan profundamente abismado en el amor y en el mensaje de reconciliación entre los seres humanos, que murió por él.

Siempre he luchado por saborear el saber. He tenido poco tiempo para hacerlo y considero que soy bastante ignorante a pesar de todos los esfuerzos que he realizado para superarme. He bebido las palabras de numerosos autores desde mi niñez. No sé si he sabido asimilar la gran maravilla que es la "Palabra", esa palabra con mayúsculas que nos hace libres, capaces de crítica y esencialmente diferentes.

La ilusión de mi juventud fue ser cirujana. Tuve que desistir, a pesar de que con diecisiete años ya estaba en la facultad de medicina y era una asidua visitante de las llamadas "campanas" del  Hospital Clínico, una especie de lucernarios de cristal sobre las salas del quirófano, donde tenía la osadía de colarme. Desde ellas contemplábamos situados en unos bancos alrededor de los mismos, las operaciones que nos resultaban más interesantes. Desde allí tuve la oportunidad de ver los ojos de pavor de quienes situados ya en la mesa de operaciones, levantaban los ojos al techo y nos veían sobre sus cabezas. Un horror para ellos, pero una maravilla para quienes queríamos aprender. Sin embargo, las sucesivas huelgas estudiantiles que conmocionaron los últimos años del franquismo me arrojaron en brazos de una profunda frustración.

Comencé a ir de un trabajo a otro, dentro de las expectativas que el momento histórico ofrecía a las mujeres con cierta preparación: en oficinas, especialmente como secretaria. Luego aprobé una oposición para el Estado y en él he permanecido 42 años. No ha sido para nada la vocación de mi vida. Nunca me he sentido feliz haciendo lo que hacía, pero intenté hacerlo siempre lo mejor posible, sin perder de vista que lo hacía para poder comer, por lo que ponía solo mi intelecto, pero no mi alma.

Aparte de la medicina me encantaba la Historia. Mi padre fue mi gran mentor. Él era un enamorado de la Historia y supo transmitírmelo desde que era bien pequeña. Así es que como ya no podía plantearme hacer medicina, me decidí a estudiar de nuevo, algo que siempre había estado albergado en mi costado como una espina que había de arrancar. De esa forma me convertí en Historiadora. Asistía a clases nocturnas, pues trabajaba mañana y tarde y robaba horas a mi sueño y a mi vida personal y lúdica, desde entonces leyendo únicamente todo aquello que me exigía mi carrera.

Al tiempo, fui tomando conciencia de la situación de las mujeres en el mundo, quizás porque yo formaba parte de esa inmensa muchedumbre de mujeres que habían tenido que torcer su destino por circunstancias adversas, que sufrían maltrato, etc…

Recién acabada la carrera y los cursos de doctorado (que inicié por la insistencia de mi maestra, pues nunca había estado entre mis expectativas una tesis doctoral), hice un máster de 400 horas (uno de verdad y no de los que hacen ahora algunos "trabajillos" que son incapaces de mostrar, quizás temiendo la escasa calidad de los mismos), bajo el título: “Estudios sobre la mujer y Política de Igualdad de Oportunidades”, que me dio una visión más amplia de la situación que habían vivido y seguían viviendo los mujeres, y me brindó las herramientas conceptuales de las que carecía inicialmente. Justo ese mismo año presenté mi tesina.

Tardé mucho en acabar mi tesis "Violencias y Mujeres en la Plena y Baja Edad Media Castellana" (publicada por Castellum en 2007, agotada, y reeditada recientemente bajo el título: "Víctimas y victimarias. Violencias y mujeres en la Edad Media Castellana") por mi difícil situación personal. De nuevo la sombra de los errores del pasado… Mis libros e investigaciones, junto a mis muebles y objetos personales quedaron aparcados durante dos años en un trastero alquilado hasta que volví a poder retomarlo… Luego, obviamente, hube de comenzar de nuevo.

Ahora estoy feliz de haber podido acabar. Como me dijo mi maestra en un momento dado, “es el título que mejor sabe, porque pocas personas llegan a él”. Todo un reto para mis fuerzas, trabajando mañana y tarde, y haciendo muchas otras cosas, entre ellas ocuparme de mis ineludibles responsabilidades familiares. 

Pero, si hay algo por lo que me siento especialmente dichosa, aparte de haber encontrado en el camino a un hombre diferente, que me devolvió la ilusión y la armonía necesaria para volver a sentir las palabras brotar en mi interior como nunca hasta entonces, ha sido haber dado vida a un hijo maravilloso. Un hijo del que me siento muy orgullosa porque es un buen hombre. Un hijo que ha traído a mi vida, junto a mi estupenda nuera, un niño que es un amor de niño. Él, ella y mi nieto dan sentido a cualquier mal trago de esos con que la vida nos regala a todas y todos.

Los niños y las niñas me apasionan. Poseen la magia de la inocencia y son capaces de sortear la realidad que no les gusta para dar forma a aquello que les seduce.

Yo creo en la magia, en la magia que crea la palabra y que te transporta milagrosamente en alas de la posibilidad hasta los lugares y los personajes más inverosímiles pero que la imaginación atesora celosamente.

Por eso me encanta escribir. Crear entornos posibles, porque yo los vislumbro en mi interior. Crear personajes que responden a mis deseos, que encarnan mis sueños, mis miedos, mis ilusiones, y me devuelven los guiños de mis alientos.

Aunque no siempre ha sido así, ahora, a mi edad, contemplo la vida sin prisas. Siendo consciente de que he llorado mucho, pero también he amado mucho y me han amado mucho. No espero casi nada, o lo espero todo, porque espero el amor de los míos. Creo que podría renunciar a todo menos a eso y a escribir.

Intento aportar mi granito de arena al mundo que me rodea para que sea un mundo mejor, consciente de que mi labor es tan minúscula que quizás no sirva para nada. Ello no me hace tirar la toalla, porque tengo un serio compromiso con las mujeres e intento que la vida sea algo mejor para ellas, lo que obviamente redundará en beneficio para el conjunto social.

1.- ¿Cuáles han sido los mayores retos a los que te has enfrentado en lo profesional y como mujer?

El mayor reto de mi vida fue abandonar mi vocación y permanecer durante mucho tiempo en una labor que nunca me ha satisfecho lo suficiente. Después, comprobar que el mito de que “quien se esfuerza llega a conseguir lo que se propone” es una falacia que solo está en la mano de las personas privilegiadas, de quienes reciben la ayuda necesaria en el momento preciso, o son fuera de serie. Ninguno de esos tres casos ha sido el mío.

Como mujer decidí separarme de un hombre que no me hacía feliz, sino todo lo contrario. Un hombre capaz de mantener una doble vida y una doble imagen que yo contribuía a mantener, como víctima de una relación perniciosa, de la que no era capaz de salir. Superar el miedo a enfrentarme a una sociedad aún poco permisiva con las mujeres que nos rebelábamos ante esta situación era complicado. Muchas personas pensaban, como se ha oído tantas veces, que seguramente me lo merecía y me miraron mal.

2.-¿Cuáles son tus libros favoritos o que te han marcado especialmente?

En realidad, he leído cuanto ha caído en mis manos sin ser demasiado selectiva; tampoco he tenido orientación cualificada. Empecé a leer desde muy niña, detrás del mostrador de una librería que había en mi calle, donde un buen hombre, consciente de que en mi casa no había medios para comprar libros, me permitía leerlos siempre que no los doblara, arrugara o manchara. Después fundí la Hemeroteca que se encontraba muy cerca del colegio de las damas negras, al que tuve la fortuna de ir, en una esquina de la calle Miguel Ángel. Allí fue creciendo, aún más si cabe mi imaginación, apoyada en todas las mitologías del mundo, que me encantaban, y los libros de Verne o Salgari. Luego vinieron otras obras más selectas: nuestros clásicos, poesía: Miguel Hernández, Alberti, Espronceda, Bécquer o Tagore… Novela: Dumas, Sue, Slaughter, S. Buck, Gorki, Tolstoy,  Delibes, Mendoza, García Márquez, Cela, Kundera… y, especialmente, Yourcenar… Creo que soy incapaz de dar voz a todos los autores y autoras que me han atrapado.

3.-Como presidenta de la Asociación Ateneísta Clara Campoamor. ¿Cuáles son los retos hoy? 

Aunque parece que hemos conseguido mucho, y lo hemos hecho, evidentemente, hay tanto por hacer que creo que nunca haremos lo suficiente para concienciar al mundo de la invisibilidad histórica de las mujeres y de los esfuerzos que venimos haciendo desde hace milenios por ganar en dignidad y reconocimiento en todos los campos. Es imprescindible mantener las posiciones porque soplan aires de reacción incontrolables.

4.-¿Qué encuentras en ti similar a Clara Campoamor? ¿Qué admiras de ella y de ti misma?

Clara Campoamor fue una mujer extraordinaria con la que sería una temeridad compararme. Nunca hubiese osado hacerlo. Ella fue una persona capaz, intuitiva, genial, adelantada a su época, luchadora empedernida…

Yo también soy luchadora pero ni las circunstancias históricas, ni personales, han sido las mismas por lo que no puede haber comparación posible.

Me quedaría con esa vertiente de las dos: la capacidad de enfrentarnos a la vida, cada una desde sus huecos respectivos en el espacio y el tiempo.

5.-¿Cuál crees que es el ingrediente o ingredientes fundamentales de una mujer como tú, luchadora que no se rinde?

La tenacidad, la voluntad de seguir adelante por encima de las vicisitudes y de las situaciones poco favorables. Retomar el camino una y otra vez, todas las veces que sean necesarias.

6.-Háblame de tu tesis doctoral, ¿qué recuerdas que te impactase más que cualquier otro hallazgo en tu investigación?

Para mí fue un descubrimiento comprobar cómo la violencia es un vocablo capaz de adaptarse según las circunstancias y los tiempos. Cómo mujeres que hoy serían consideradas víctimas, en aquellos momentos históricos fueron catalogadas como absolutas victimarias. Algo que no sé si el Tribunal de mi tesis llegó a comprender del todo. A mí me costó hacerlo: brujas, adúlteras, curanderas, herejes, prostitutas… eran para aquella sociedad tan victimarias como las asesinas más despiadadas. Hoy, para nuestros planteamientos, serían las víctimas de una humanidad bastante limitada en sus concepciones, temerosa de que se resquebrajaran sus inestables estructuras…

7.-¿Crees que la vida después de los 45 años es más intensa, más vivida, más real? Si es así ¿por qué?

Creo que a cada persona le llega la madurez en un momento diferente, que depende de sus experiencias y de su capacidad de colocar cada cosa en su lugar. A mí me sucedió no hace mucho sentir que había ya demasiadas cosas que me importaban no poco, nada. Y que lo que realmente me importaba era tan poco… Eso sí, por ese poco sería capaz de todo.

8.-¿Cuáles son los retos de las mujeres actuales? ¿Cómo crees que será el futuro de las mujeres?

Creo que no podemos bajar la guardia. La historia nos muestra que el sistema patriarcal en el que nos movemos es capaz de adaptarse como un guante. Ahí están las voces retrógradas de quienes piensan que hay “muchas mujeres felices que no son feministas”. Está habiendo un movimiento duro de oposición contra los logros femeninos. Y, lo lamentable, es que no solo lo encabezan varones, sino también mujeres (por lo que los argumentos machistas se ven más apoyados). Ya sabemos que el sistema nos coloniza a todos y todas. Es difícil ver más allá en ocasiones, si no se tiene la perspectiva necesaria, o no se ha pasado por determinadas situaciones que te han abierto los ojos.

9.- Como historiadora medievalista y si tuvieras la oportunidad de hablar con alguna mujer medieval, ¿qué le preguntarías?

Nunca me lo había planteado. Las veo tan alejadas de mis ideas…

¿Qué podría preguntarle a una campesina, deslomada a trabajar desde la infancia, sometida a la vigilancia de los varones de su familia, casada tal vez en contra de sus deseos, obligada a aceptar la maternidad que le venía otorgada por su naturaleza y viendo cómo sus hijos e hijas morían de hambre, frío, enfermedad, guerra…?

¿Qué podría preguntarle a una burguesa o rica-hembra, que aunque tuviesen el pan asegurado y no hubiesen de trabajar hasta la extenuación, permanecían atadas al hombre del que dependieran, con pocas posibilidades de vivir una vida diferente, de tener aspiraciones, proyectos, futuro tal y como nosotros lo entendemos?

¿Qué podría preguntarle a la mendiga o prostituta, a la mujer abandonada o sola por caprichos del destino que era sometida a todo tipo de escarnio y penuria?

¿Qué podría preguntarle a la niña o adulta que era obligada a tomar el hábito religioso sin desearlo?

Todas ellas mantendrían un horizonte mental muy determinado, conforme o disconforme con su vida, pero sometido a él. El individuo, y en este caso la individua, no era concebible, ni tenía posibilidades de tomar libremente un camino que no viniera generalmente determinado de antemano.

Tal vez algunas viudas, con capacidades suficientes para poder mantenerse, tal vez algunas religiosas que habían elegido dicho estado por los más diversos motivos, podrían hablarnos de sus expectativas, de sus logros, de los yugos de los que se habrían liberado y de la libertad que habían podido hallar consigo mismas y con un entorno determinado.

10.-¿Cuáles son tus sueños? ¿Tus proyectos futuros? ¿Qué libros tienes entre manos ahora mismo? Mi sueño es permanecer todo el tiempo que pueda junto a mis seres queridos. Viajar mientras me sea posible y escribir hasta que se me escurran las últimas neuronas por la punta de los dedos. Mi sueño es hacer felices a quienes me rodean y llegar con mis palabras a quienes deseen hacerlo. 

En cuanto a los libros que tengo en mente son tantos que no sé si me va a dar tiempo a organizarlos algún día. Tengo en lista de espera el tercer volumen de una pequeña colección de ensayo a la que denominé: Mujeres de Historia y Leyenda. También dos artículos sobre violencia en la Edad Media y otro libro, al que habré de dedicar tiempo sobre violencia y mujeres en la obra de una gran autora. En cuanto a narrativa tengo iniciadas otras dos novelas, una que cerrará otro grupo de novelas que aparecieron como Aventuras ultramarinas de mujeres, cada una en su profesión, y otra novela centrada en la vida especialmente atrayente de un marino. En este caso habré de cambiar la perspectiva y hablar desde el punto de vista de un varón del siglo XIX, lo que será un verdadero reto para mí. Pero me gustan los retos, especialmente los que me impongo a mí misma.

Mas información: Mª TERESA ARIAS