PALABRAS

"Una mirada lo cambia todo: la perspectiva, la luz, la sombra, el verso... la palabra."

Made in Creativity. Reflexiones sobre mi salto al vacío.

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Fecha de publicación: 15 de mayo de 2015

MADE IN CREATIVITY”. REFLEXIONES SOBRE MI SALTO AL VACÍO.  

Propiedad intelectual: 1810118705471

Por Cristina Mª Menéndez

Hace algunos años, se hizo vital y urgente la necesidad de dejar el trabajo en el que había desarrollado mi labor con un contrato “indefinido” como “assistant-secretaria" de varios departamentos, y que fue la continuación de otros trabajos similares.

El sentido práctico que había gobernado mi vida durante mucho tiempo necesitaba morir para dejar respirar por completo aquella otra vida que en sombras yo alimenté: una vida creativa, ligada a la escritura literaria, a los reportajes de investigación, al guion de cine, etc. Una vida artística en la que la sociedad actual apenas cree, solo hay que ver el apoyo que recibe el arte y la cultura en nuestro país. Sin embargo, yo si tenía que “creer” porque esa es la esencia y la verdad de la que estoy hecha. En mi piel lo pone bien claro: “Made in Creativity”, que no es lo mismo que “Made in captivity”, sello que definió, por desgracia, una buena parte de mi vida laboral.

Tal “insólita” y “loca” decisión de dar un salto al vacío no fue fácil, pero lo sentí como una necesidad hecha “carne” dentro de mí. Dejar un trabajo indefinido, “regalo divino” cuando el empleo está “tan mal” era para much@s como si le escupiera al cielo. Sin embargo, ese mismo cielo, cambiante, expresivo, luminoso a veces y otras plomizo también es creativo y libre…

Después de casi 15 años dedicada a labores administrativas, mis reflexiones me han llevado a pensar que necesité de ese tiempo para que mi fruto que soy “yo misma” madurase, porque aunque ejercía “mis sueños creativos” en mis ratos libres escribiendo, aún no me sentía suficientemente válida como para asomarme a la luz, o simplemente me daba miedo hacerlo, pues una crítica destructiva podría haber hecho añicos lo único que me mantuvo en pie todo ese tiempo, que me ayudó a sobrevivir y soportar lo que para mí era intragable: un trabajo sin alma, enterrado entre archivos, auditorías, facturas, carente de creatividad.

No hubiera salido jamás de entre esas sombras cobijadoras si no hubiera sido por que empecé a publicar reportajes, después libros, lo cual me dio la fuerza para creer que yo, una insignificante mujer anónima, podría dejar de ser invisible, un poco solamente, lo suficiente para sentir que mi alma podía volar.

Hubo en este proceso tras el salto muchos monstruos que aún siguen vivos y con los que  estoy aprendiendo a negociar, pues a veces es difícil matarlos del todo. Uno de ellos lleva por nombre “inercia”. Tantos años dedicada a labores administrativas, formando parte de un clan en el que te dan beneficios sociales, bonus, pagas extras, (la zanahoria para hacerte “empleado en cautividad”), te hace pensar que no eres nadie fuera de ese ámbito. Cuesta acostumbrarse a ser una misma la que ha de tomar las riendas, sin el abrazo de una comunidad bien diseñada y sin el sostén de un sueldo. Cuesta verse fuera del círculo y saber que tú y solo tú eres responsable de lo que pase de ahora en adelante en tu vida y si te has equivocado, ¡es culpa tuya!, ¡tú has elegido dejarlo todo por “querer vivir tus sueños”!

Ya me he habituado a no pertenecer a una empresa, a un grupo, soy oveja renegada y más negra que el carbón, pero la prueba terrible viene cuando subsistir “económicamente hablando” se hace difícil, a pesar del apoyo incondicional de mi pareja en mis locuras. Aunque no quiero preocuparme, solo ocuparme, esta presión existe y es la más jodida de sobrellevar.

Dicho esto y en pleno enfrentamiento con ese monstruo terrible que te regala su angustia cada mes con gesto irónico diciéndome: “¿Y ahora qué? ¿Vas a vivir de tu creatividad, maja?”, sigo pensando que es posible y no voy a dejar de intentarlo una y otra vez por varias razones:

La primera porque si me rindiera, si abandonara lo que soy, en lo que creo, por lo que lucho, mi vida ya no sería mía, volvería a respirar en cautividad y mi reingreso en esa cárcel pisotearía todo cuando soy. Eso no quiere decir que no pueda hacer concesiones, pero sin perder mi perspectiva vital.

La segunda razón es porque mi sentido de la espiritualidad, al margen de cualquier religión, es mi rosa de los vientos y sé que en todos estos años me he sentido apoyada. Estoy segura de que el mayor logro del ser humano no es conseguir grandes metas económicas o profesionales sino dar sentido a nuestra esencia interior. Si no fuese así no existiría tanta gente frustrada, desilusionada, que aun teniendo una buena posición, es infeliz.

La tercera razón es el propio proceso. A veces el Universo nos pone a prueba para revalidar nuestra entrega. Yo digo “sí” en este momento, pase lo que pase, “sí” una y mil veces. No pienso rendirme.

Si al final mi intento me hace morir con las botas puestas, al menos habré creído en mis sueños, le habré plantado cara a lo que no me gusta, habré vivido de manera auténtica con mi esencia más profunda.

Escribo todo esto para darme valor y fuerza a mi misma, para encontrarme en estas líneas en el futuro cuando me desaliente y caiga, para ayudarme a avanzar pase lo que pase. No quiero perderme a mí misma jamás. Y aunque tenga que hacer concesiones, mi perspectiva, mi mirada no puede cambiar. El tesoro de encontrarme, de reconocerme en lo que escribo, lo que invento, es lo más valioso que existe para mí. Y en ese proceso de auto conocimiento, que me recuerda a la frase del Templo de Delfos “conócete a ti mismo”, no quiero perderme nada.

Pienso que a veces para volar primero hay que caminar  pisando la tierra, tomar impulso, por eso doy por buenos todos mis años de siembra en silencio, incluso aquellos en los que fui infeliz y que cubrieron mis necesidades básicas.

No negaré que algunas veces tengo miedo, que las sombras de viejos fantasmas siguen pegados a mí, pero también siento que tengo que transitar este camino, sí o sí, perseguir la luz que me guía, abrazar lo incierto, porque intuyo desde esas profundidades de mi intimidad que es posible.

No podemos engañarnos, el salto al vacío casi siempre te hace chocar con la tierra, pero es una caída necesaria y no tan dramática como parece. Muere una parte de nosotros, la más apegada al miedo y nace una nueva, que también tiene sus propios miedos, pues en realidad son también el barómetro que mide nuestro impulso, nuestra entrega y nuestro compromiso con nosotros mismos.

Estas son solo unas mínimas reflexiones sobre mi viaje, queda mucho por andar, aún estoy en el proceso. Lo que tengo claro es que la creatividad para mi no es una idea abstracta, forma parte de mi carne, es algo real, no está separado de lo que soy y rige una buena parte de mis acciones, decisiones y escrituras. El haberle dado luz, haberla sacado de las sombras es también una forma de visibilizarme a mi misma, lo que soy en verdad.


En este tránsito, camino entre desiertos y oasis, pero sé que existe un lugar hecho a mi medida, una Ciudad Esmeralda más allá de las dunas, porque mi corazón, igual que mi piel,  “made in creativity”, conoce todos los mapas.