PALABRAS

"Una mirada lo cambia todo: la perspectiva, la luz, la sombra, el verso... la palabra."

MI REFLEXIÓN SOBRE LA PELÍCULA BORDER DE ABBASSI

Hace 13 horas / Reseñas / 0

Fecha de publicación: 20 de octubre de 2026

Mi reflexión sobre Border

Border me removió mucho. La película me pareció interesante y con una idea de fondo muy potente, pero sentí que la historia estaba demasiado cargada de elementos oscuros y retorcidos que terminaron emborronando lo que para mí era verdaderamente importante: el proceso interior de Tina y su  búsqueda de identidad. 


Lo que más me interesaba de su historia era su descubrimiento de que aquello que siempre había sentido como algo defectuoso en ella no tenía por qué estar mal. Cuando Vore le hace comprender que no está sola, que es «como él», aparece una idea que para mí es central: quizá no haya nada que corregir en nosotros simplemente porque no encajemos en lo que los demás consideran normal.

Para mí, esa era la verdadera historia que merecía desarrollarse.

Por eso sentí que la trama de los bebés robados, los abusos y la depravación de Vore sobraba. Entiendo que sirve para mostrar que hay seres buenos y malos tanto entre humanos como entre trolls, pero eso ya lo sabemos. No necesitaba que la película me demostrara que existe oscuridad en ambos mundos. Esa oscuridad terminó pesando tanto emocionalmente que hizo que perdiera protagonismo la búsqueda de identidad de Tina.

También me resultó excesivo el juego con el sexo biológico de los personajes: que Vore sea en realidad una mujer y que Tina sea genéticamente un hombre. Entiendo que la película juega con las categorías de sexo, identidad y apariencia, pero a mí me pareció que desviaba la historia hacia una cuestión que no necesitaba estar en el centro. Me habría resultado mucho más potente que Tina descubriera que es un troll sin que eso tuviera que convertirse necesariamente en una explicación sobre su sexualidad o sobre qué identidad sexual le corresponde.

Para mí, incluso podría haberse planteado algo mucho más abierto: que Tina descubriera que es un troll y que, después de saberlo, no necesitara definirse completamente a partir de ello.

Porque ahí está mi propia lectura de la película:

¿Qué importa que sea humana, troll o cualquier otra cosa? Soy naturaleza viva.

Creo que esa podría haber sido la verdadera transformación de Tina.

Por eso tampoco me convence el final con el bebé troll que recibe en una caja. Siento que, en lugar de completar su proceso de búsqueda interior, la película le entrega una nueva etiqueta. Hasta entonces Tina estaba en un limbo, intentando comprender quién era. Al recibir al bebé y aceptarlo, parece que se ve obligada a encajar en otra jaula: la de «troll». Ahora tiene un bebé troll, pertenece a ese mundo y ya no parece quedar espacio para continuar preguntándose quién es realmente.

El bebé se convierte así casi en un pasaporte hacia el otro lado.

Me habría parecido mucho más potente que Tina hubiera gestado y dado a luz a su propio bebé. No porque eso tuviera que demostrar que es mujer, humana o troll, sino porque la gestación podría haber sido otro proceso de descubrimiento interior.

Una madre primeriza atraviesa durante un embarazo un enorme revoltijo de emociones: miedo, ilusión, rechazo, amor, desamor, incertidumbre, cansancio, curiosidad, responsabilidad. El embarazo transforma a una persona incluso antes de que nazca el bebé.

Tina podría haber vivido ese proceso sin saber exactamente qué iba a ocurrir ni qué significaba para ella. Su propio cuerpo habría sido el lugar de la transformación.

Y entonces el parto habría tenido un significado mucho más profundo.

Dar vida no demostraría que Tina es humana.

Tampoco demostraría que es troll.

Simplemente demostraría que es un ser vivo capaz de participar en el ciclo de la vida.

Eso conecta con lo que para mí habría sido el mensaje más hermoso de la película: no necesitamos encontrar una etiqueta que nos diga qué somos para sentir que pertenecemos. Somos parte de la naturaleza simplemente porque estamos vivos.

La película empieza, además, en una aduana, un lugar dedicado a separar: lo que entra y lo que no entra, lo que pertenece y lo que no pertenece. Tina pasa su vida decidiendo quién está dentro y quién está fuera mientras ella misma no sabe a qué lado pertenece.

Por eso habría sido precioso que su recorrido terminara precisamente superando esa necesidad de clasificación.

No pasar de «humana» a «troll».

Sino pasar de:

«¿Qué soy?»

a:

«Estoy viva.»

Y quizá incluso:

«No necesito saber exactamente qué soy para pertenecer.»

Para mí, ahí estaba la película que me hubiera gustado encontrar en Border.

No necesitaba que me enseñara la maldad del mundo. Ya sabemos que existen seres buenos y malos. Tampoco necesitaba que Tina recibiera un pasaporte hacia una nueva identidad.

Quería acompañarla en su búsqueda.

Quería verla descubrir que no estaba equivocada por ser diferente.

Quería verla reconciliarse con su cuerpo y con su naturaleza.

Y quería que la maternidad, si aparecía, fuera una experiencia transformadora desde dentro, no algo que simplemente le llegara en una caja y le dijera quién era.

No necesitamos encajar en una categoría para tener derecho a existir. No necesitamos saber exactamente qué somos para pertenecer. Somos naturaleza viva.