PALABRAS

"Una mirada lo cambia todo: la perspectiva, la luz, la sombra, el verso... la palabra."

Una piedrecita Blanca de Mario Satz

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Fecha de publicación: 15 de octubre de 2016

Presentación de "Una piedrecita blanca" de Mario Satz en la Casa del Lector (Matadero, Madrid)

Estos son algunos momentos de la presentación de "Una piedrecita blanca" de Mario Satz publicado por Eirene Editorial. 

Mario Satz en un momento de firmas de su libro

“Una piedrecita blanca” de Mario Satz, novela editada por Eirene Editorial, se revela como una de las obras históricas más interesantes, profundas y poéticas del autor. Una fascinante novela que cuenta, desde el alma de lo sencillo, las revelaciones de lo sutil, la serena verdad de lo invisible, en una época de persecución de sabios, filósofos y seguidores de otras religiones, entre ellas los primeros cristianos, que buscaron refugio en la isla de Patmos, a principios de nuestra era.Los diferentes niveles de lectura que se abren como caminos en los que se sumerge el autor, abrazado por una atmósfera onírica y simbólica. Una obra que vive y respira a dos tiempos, entre la duermevela de la profecía y la neutral sencillez de una piedrecita blanca que pasa de mano en mano, revelando historias de sabios, avatares, profetas y compartiendo desde el silencio su sentir.

Un momento de la presentación, de la mano de Chelo Altable, alma de Eirene Editorial

 El Apocalipsis 2:17 revela algunos rastros que nos acercan al autor y sus pasos: «El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor le daré del maná escondido y le daré una piedrecita blanca, y grabado en la piedrecita un nombre nuevo, el cual nadie conoce sino aquel que lo recibe.»El maná que sería en un sentido profundo la energía divina, y la piedra blanca de la inmortalidad. Una piedrecita humilde que acompaña a sus dueños como un talismán. ¡Y qué privilegio el nuestro que somos los únicos que conocemos los latidos y filosofías de esta narradora! Y como dice el propio autor: “Eben lebaná”, piedrecita blanca, también se puede leer como le-bináh, del entendimiento  o para el conocimiento.


Mario Satz durante la presentación de "Una piedrecita blanca"

Cada capítulo, breve, insufla de vida y fluidez la lectura, dándole alas a la densidad. Se recrea, a cada paso, una ambientación bellísima, llena de matices, con una vitalidad que contrasta con el hermetismo y el misterio del apocalipsis que Juan, hijo de Astrapí, se propone componer. 

Objeto de situaciones inhumanas en manos de fundamentalistas evangélicos y la inquisición, la intención de Mario fue humanizar a Juan, atormentado, rígido y darle también la oportunidad de conocer personajes contrapuestos cuya ligereza es como un soplo fresco y deseado. Y llega Hilarión Media nariz, bufón de ojos violetas que hace malabares de la vida o a Afrodisia, que en la piel de Isis, muestra, bajo los velos de un ritual isiaco, el latir de la naturaleza, su color agitado y las penumbras de una poética iniciación, que despiertan la carne abigarrada de Juan. Su kaunakés o vestido de la diosa, la amanita muscaria y las crisopas e insectos de alas azuladas gobiernan un mundo ensoñado que nos envuelve a nosotros, lectores y también caemos en ese encantamiento. Tales descripciones, junto con el de los vendedores de esponjas son las venas vivas que aligeran el arduo camino apocalíptico, como ráfagas de aire en un día acalorado.   


Cristina Menéndez y Mario Satz en un momento de la presentación de la novela "Una piedrecita blanca"

El arranque de la novela, nos presenta sin ambages a una piedrecita sencilla, callada…  «De todas las criaturas que pueblan el mundo soy la más callada, la más quieta, la más vieja…», narradora omnisciente en lo etéreo, que desgrana sentires como una hilandera que teje lo invisible. Un poco más adelante, en el cap. IX la piedrecita dirá: “Pareciera como si a los seres humanos les molestara su propio peso y densidad. Para las piedrecitas blancas como yo el simple hecho de estar es más que suficiente”

La piedrecita blanca pasa de mano en mano. Del anciano escriba Ajitob a Juan el Bautista, de este a Jesús, luego a Juan el Zebedeo y después llegará a su actual dueño, el redactor del apocalipsis, Juan  hijo de Astrapí, acompañada de una frase del Zebedeo: “El espíritu te llevará muy lejos para acercarte cada vez más a ti mismo.” Diferentes manos, diferentes formas de ver la vida. De Jesús, la piedrecita comenta que era muy celoso de su soledad, y reseña una frase muy profunda del maestro: “Si de tanto en tanto no te sumerges en lo profundo, si no callas y acallas en ti a la mente que calcula, teme y premedita, ¿cómo puede el espíritu de la tierra convertirse en savia y ser sangre de tus venas, ser certeza en tu respiración y alegría en tu soledad?”

Una piedrecita blanca es además de una novela asentada en personajes llenos de matices, un viaje al centro de lo sutil. La piedrecita, como ella misma dice nos muestra su entraña: “No me pregunto cómo sé lo que sé, pero el caso es que las ín­fimas huellas humanas que sobre mi blanca superficie imprimen pavores y sueños, ansiedades y expectativas, son lo bastante in­tensas e incisivas como para traspasarme pensamientos y suspi­ros. Sufro pero no sé lo que es sufrir, padezco pero no se me nota.” 

Fascinante es también el Pitgamei Yeshu que reseña aforismos que Mario Satz pone en boca de Jesús y que son para él un homenaje al Maestro.   ·        

«El Creador dejó la alabanza en la lengua del ser humano para que este ascendiera, cantando, a visitar Su sonrisa».·        

«En cada poro de nuestro cuerpo anida un arco iris, tan dimi­nuto que no se ve, y también tan grande que solo podemos percibir un tono por vez. Nos movemos entre franjas de colores inadverti­dos, hay días rojos proclives a la ira o celestes animados por la paz. Si los colores son el pacto del Creador con lo viviente, la luz que los muestra es la nodriza que alimenta nuestras pupilas».·        

«Aprended a sufrir —decía Jesús— para no sufrir más».·       

 «Tengo el poder de dejar mi vida y de recuperarla». (Como el Ave Fenix)·        

«La rama responde con hojas nuevas al pájaro que posado en ella canta, el Creador anida en el corazón de quien lo alaba».·       

 «Un alma que comprende se halla a gusto en el cuerpo que la alberga».Confieso que mi favorita de todas ellas es sin duda: ·  

«El amor es una respuesta para ninguna pregunta»


Si fascinante es la atmósfera también lo son los personajes. Desde Juan mismo, su densidad, su atormentado pensamiento, su profecía que vive dentro y fuera de sí mismo. Afrodisia, la mujer convertida en gata y que protagonizará uno de los momentos más oníricos durante el ritual de Isis. Ajitob el esenio, conforme con su destino, Hilarión media naríz, enano malabarista que desea hacerse cristiano. El matemático y astrólogo Leto de Samos, el oniromante y tantos otros personajes, como el propio Jesús que habla a través de aforismos  los cuales recorren como venas vivas los sombríos pasajes de esta novela tan difícil como bien construida.   

Y como no, el mercado de esponjas, en Paleocastriza y la simbólica frase de uno de los vendedores, Eucléias de Levinthos, cuando dice: “Para hallar lo más hermoso hay que ir a lo más profundo” 


En definitiva en la novela de Mario Satz, “Una piedrecita blanca”, (que no es su única incursión en la novela histórica aunque sí la más difícil), aúna el peso y la ligereza, lo visible y lo invisible. Y en ella, la piedra angular, el ingrediente último, el nombre nuevo que Satz emplea en todos sus escritos: El amor por la poesía, la música de la palabra, una alquimia que transpira en su obra (“La  música de las esferas”, “El canto de la lluvia”, “Enseñanzas de una lágrima”, por citar algunas de sus obras) y es su rosa de los vientos.